DOTORE HOLIDAYS, NAPOLI

Este verano decidimos elegir un destino donde reposar nuestros culos blancos alejados del
mainstream de las grandes playas europeas. Estaba un poco visto lo de ir a beber daikiris a
Benidorm o pasear por alguna antigua colonia que tiene el estado español cercana de las costas
de África.


Nuestra elección no respondió a un criterio meramente turístico. Buscábamos un destino que lo
tuviera todo: Cultura, sol, mediterráneo, historia …
Escogiendo todos estos parámetros como no íbamos a pensar en Nápoles: Conquistada por
Griegos, Romanos, Bizantinos, Normandos, Franceses y Españoles su centro histórico constituye
un crisol de culturas que hace de esta ciudad una gran bomba de relojería coronada por el
Vesubio.

Stone Island por Napoli.


Desde el norte de Italia se considera a esta ciudad la vergüenza de la península. No quedan tan
lejos aquellos cánticos que algún día fueron entonados por el mismísimo Matteo Salvini,
Vicepresidente de la República Italiana en San Siro:


oh colerosi, terremotati,
voi col sapone non vi siete mai lavati
Napoli merda, Napoli colera,
sei la vergogna dell’Italia intera.


El cántico, otro vergonzoso gesto de la ultraderecha italiana, hace alusión a la epidemia de cólera
del mediterráneo que en 1974 entró a Europa por las costas Napolitanas. Los historiadores se
ponen de acuerdo en que todo comenzó con una partida de mejillones en mal estado llegados de
Tunez. Esto no importó a los políticos derechistas italianos que siempre vieron en Nápoles una
ciudad indomable, llena de diversidad, con graves problemas urbanísticos, y sobre todo, muy
ligada a la izquierda Italiana.


Todo esto se ve reflejado en los comentarios que muchos de mis amigos Italianos me hicieron
antes de llegar a la ciudad. Todos giraban en torno a la cosmovisión de Napoles como un reducto
de criminales, suciedad y droga. Ni un solo comentario me hablo de los Limoncello Spritz que se
servían en Piazza Bellini, de las pedazo pizzas que te comes por cuatro monedas en Via Tribunalli,
o de la riqueza arqueológica de sus museos.


Esa es la peor cruz que portan los hijos del Vesubio, su gran herida interna, la mala prensa de su
ciudad. Solo debes estar cuatro horas en Nápoles para saber que todo esto es una exageración
amarillista.


Napoles es una ciudad que se levanta con orgullo frente a todos estos comentarios, en todos mis
viajes nunca había visto una ciudad con tanto orgullo propio, con tanta identidad:
La gente compra bajando cubos desde los balcones para que el comerciante les coloque el
producto que quieren, los mercadillos llenan de gangas las principales plazas. Las mujeres
mayores sacan sus sillas plegables a la calle y te saludan amablemente cuando pasas por su
costado, los mendigos te piden un cigarro y como vinieron… se van. Los niños conducen motos
y pitan, pintan para saludar, pitan para que te apartes, pintan para que los oigas.


Una vez allí, creo que ya entendí el amor de Diego a esta ciudad. Diego salía de Villa Fiorito
dirección a Europa pensando en encontrarse una sociedad desnaturalizada, sin identidad propia
y encontró en Napoles su gran Villa Fiorito.


Lo de Maradona con Napoles fue un amor a primera vista, pero lo de Napoles con Maradona roza
la espiritualidad. Desde su muerte no hay una calle sin su rostro, sin su pierna izquierda, sin su
foto vistiendo la elástica celeste. Desde Via Toledo hacia el Quartieri Spagnoli todo es un gran
mausoleo popular erigido al astro argentino y no es para menos.


Diego es el centro de toda esta historia. No se puede concebir la historia contemporánea de
Napoles sin el. Para los Napolitanos, Diego llegó después de un gran terremoto que en 1980
devastó la ciudad, en el peor momento de una Napoles en continua decadencia. Maradona
trascendió de lo futbolístico en Napoles, porque tenia que hacerlo. Juntos consiguieron levantar
Copas y ligas, pero juntos pusieron a Napoles, con sus luces y sombras en el panorama europeo.
Con Maradona, Nápoles estaba de moda y nadie nunca podrá comprender cómo esto es
agradecido por los eternos olvidados que pueblan esta ciudad.


Un cántico napolitano muy popular dice: Somos hijos del Vesubio, algún día nos veréis explotar.
Ojalá llegue pronto este momento.

Por las calles de Napoli.


NAPOLES IS DOTORE.


Mr Parkas.

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