CRÓNICA DE UN CAMPEONATO AÑORADO

Salí del aeropuerto de Loiu con rumbo a Estambul con la esperanza de poder coger, desde ahí, uno de los 42 vuelos añadidos a la ciudad de Trebisonda. Digo esperanza porque muchos vuelos no aterrizaban en la milenaria ciudad portuaria del nordeste de Turquía por la densísima niebla. En el aeropuerto de Estambul me di cuenta de que yo no era el único que sufría esta incertidumbre al ver el mar de gente que vestía los colores de Trabzonspor, el granate y azul, bordo-mavi en turco. Me di cuenta de lo que eran 42 vuelos añadidos. Toda la diáspora Trapezuntina estaba ansiosa para llegar a su ciudad para presenciar y festejar lo que no había podido por 38 largos años. Luego me enteré de que así estaban unos cuantos aeropuertos y carreteras.

Entre aplausos y cánticos, rompiendo la niebla y la preocupación que sentía un avión lleno de hinchas, aterrizamos en el minúsculo aeropuerto de Trebisonda. Trebisonda, como su aeropuerto, es una ciudad pequeña, sobre todo si se compara con su gran influencia en la historia, cultura y deporte de Turquía. Con sus callejones que salen al mar, sus montañas verdes, su gente apasionada y su cielo eternamente gris, la ciudad alargada de Trebisonda se encuentra atrapada entre las olas del Mar Negro y las acantiladas montañas del norte de Anatolia. Quizás lo que más impresiona de la ciudad, a parte de los bellísimos paisajes en lo alto de sus montañas, es su visible y exagerada obsesión con su equipo local, Trabzonspor.

5 minutos ahí son suficientes para ver que la ciudad entera está vestida de bordo-mavi: las cuentas de los rosarios en las manos de las abuelas religiosas, las capotas de los coches de marca TOFAŞ, los laterales de los minibuses, las piedras de las calles peatonales, miles y miles de banderas gigantes entre los edificios, el cabello de la gente mayor, la ropa de prácticamente todo el mundo y un largo etcétera de componentes que nunca dejan de sorprender. El bordo-mavi reina la ciudad de Trebisonda, como Trabzonspor reinó la Süper Lig esta temporada 2021–2022.

A pesar de ser un club grande de una ciudad con una larga historia futbolística, Trabzonspor; fundado en 1967, es un club joven ya que es fruto del matrimonio de dos rivales: İdmanocağı e İdmangücü, a parte de dos equipos locales más.

Los años de la hegemonía estambulita y la revolución de Anatolia

Cuando se fundó Trabzonspor, en la relativamente pequeña, pero para nada humilde ciudad de Trebisonda existía desde hace décadas la incuestionable hegemonía de los 3 gigantes de Estambul: Beşiktaş, Galatasaray y Fenerbahçe. Ningún equipo fuera de estos 3 hermanos enemigos había ganado un título hasta entonces.

Según Antonio Gramsci, las ideologías dominantes, hegemónicas, se presentan como si fueran sentido común, como si fueran fruto del curso natural de la vida. Así era la hegemonía de los 3 gigantes de Estambul: Podían fichar a quien quisieran, podían traer al técnico que quisieran, los árbitros pitaban lo que a ellos les convenia, en resumen, campaban a sus anchas en un país donde Estambul dominaba sobre Anatolia y esto era visto como el orden natural de las cosas, como sentido común. Parecía que esto no cambiaría nunca hasta que, en el año 1974, un año después de haber ascendido a la primera división, “la chavalada de Trebisonda” impuso su voluntad y ganó la liga por primera vez, haciéndose con el apodo de “La tormenta de Mar Negro”.

Trabzonsport 1974.
El Trabzonspor de 1974.

Trabzonspor –que aquel entonces, como hoy, disponía de recursos mucho más humildes que sus rivales de Estambul­– ganaba la liga gracias a los jóvenes de su región y al sentimiento de orgullo que significaba para ellos enarbolar la honrosa bandera de la Revolución de Anatolia.

Liderado por los técnicos Ahmet Suat Özyazıcı y Özkan Sümer y jugadores como Dozer(Buldócer) Cemil, Şenol Güneş, Kadir, Necati, Necmi… los jóvenes de Trebisonda dominaron la liga turca durante una década desde los mediados de los 70. Entre 1975 y 1984 Trabzonspor ganó un total de 18 trofeos.

Durante esa década Trabzonspor pasó de ser el equipo de una ciudad o una región a ser la leyenda y la encarnación de lo que se denomina en la historia del futbol turco como, La Revolución de Anatolia. Quizás la frase que mejor explica el efecto Trabzon es la del difunto cantante Kazım Koyuncu: “Ser hincha de Trabzonspor no es un fenómeno simple que se pueda explicar con ser un niño nacido en esa región. Para mi Trabzonspor era un héroe de cuentos de hadas que se rebelaba contra los más poderosos y les vencía a todos.”

Los años robados

A partir de los 80, con el golpe militar, tomaba fuerza la ola neoliberal en Turquía y se hacía cada día más obvio que en el fútbol moderno, como en la vida política y social, no había sitio para los héroes de cuentos de hadas. Esto significó para Trabzon el comienzo de la época que ellos denominan “los años robados”.

En 1996, después de una temporada con muchísima polémica, Trabzonspor, que había llegado hasta las últimas semanas con un fútbol dominante, perdió el título que tenía prácticamente en sus manos frente un Fenerbahçe que los venció en su propia casa con un gol de último minuto. Esto se convirtió en una herida que durante años causaría estrés postraumático a toda una ciudad. Desde disturbios hasta suicidios, durante muchos años la ciudad y su gente sufrió inmensamente por aquella infame noche de mayo.

En 2004 y 2005 Trabzonspor estuvo cerca de ganar la liga. Pero una y otra vez acabo perdiendo en las últimas semanas con escandalosos arbitrajes y errores propios. Lo que ya estaba pareciendo una maldición, estuvo a punto de terminar en la notoria temporada de 2010–2011. Trabzonspor había llegado a enero 9 puntos delante de su eterno rival Fenerbahçe. Aquel año Fenerbahçe acabo la liga por encima de Trabzonspor, empatados a 82 puntos, con un gol de diferencia. La ciudad era una olla a presión a punto de estallar. Fener había ganado 16 de los 17 partidos de la segunda mitad de la liga y los rumores de amaño eran el orden del día de todo el mundo en Trabzon.

Una mañana de julio Turquía se sacudió con un mega-escándalo de amaño de partidos protagonizado por Fenerbahçe. En un proceso que se alargaría a décadas, UEFA expulsó a Fenerbahçe de sus competiciones, invitando a Trabzonspor a Champions League en su lugar, pero la Federación de Fútbol Turca nunca reconoció a Trabzonspor como el legítimo campeón de 2010–2011. Así, se convirtió la rivalidad entre Trabzonspor y Fenerbahçe en una enemistad real y peligrosa. Y Trabzonspor entró en una época de depresión y crisis que duraría hasta hace poco.

Trabzonsport-Fenerbache.
Trabzonspor-Fenerbache.

La construcción del campeón

Cuando se anunció Abdullah Avcı como el entrenador de Trabzonspor en 2020 había muchas dudas y quejas acerca de este matrimonio. Avcı venía de haber perdido varias ligas en las últimas jornadas con Istanbul Başakşehir y de haber sido despedido de Beşiktaş. Muchos opinaban que el futbol de posesión basado en pases cortos y equilibrio de Avcı no era apto para Trebisonda y para su público que exigía, por su personalidad, un fútbol de constante ataque. Otros decían que Avcı no tenía personalidad de ganador y Trabzonspor necesitaba un director técnico con títulos. Otros decían que la directiva del club se metía demasiado con el trabajo de los técnicos y Avcı, conocido por no permitir ningún intrusismo, tendría problemas con la directiva. Otros se preocupaban de que lo único que tenían en común Avcı y Trabzonspor era perder la liga en las últimas jornadas.

Todos se equivocaban. Todos nos equivocábamos. Avcı y el presidente Ağaoğlu empezaron a planear el futuro en total sintonía. Era algo jamás visto en el futbol turco: los fichajes del siguiente mercado se hacían con meses de antelación, los planes de cada temporada se empezaban a realizar desde la temporada anterior y así vino Trabzonspor mejorando día tras día. “Cada partido mejoramos un poco” decía Avcı, “cada día construimos algo más.”

En un año de crisis total de un Fenerbahçe pesimamente gestionado, un Galatasaray lleno de incertidumbres y un Beşiktaş de resaca de un doblete Trabzonspor empezó la liga como la tormenta que es y acabó la primera mitad de la liga a 7 puntos del segundo Konyaspor, a 14 puntos de Fenerbahçe, 18 puntos de Beşiktaş y 19 de Galatasaray. Para muchos el futuro campeonato de Trabzonspor era una obviedad, pero en Trebisonda, donde se había vivido los traumas de 1996, 2004, 2005, y 2020, nadie lo tenía tan claro.

Cada victoria era un respiro de fe, cada punto que separaba a Trabzonspor de sus rivales era un golpe de martillo que derrumbaba poco a poco el muro de la duda. Cada día que Trabzonspor pasaba como líder incuestionable de la liga, la ansiedad se convertía en alegría y la desconfianza en seguridad. Cuando arribó el día que bastaba un empate en casa para proclamarse campeón 3 jornadas antes de que se acabara la liga, estaba toda la ciudad en modo carnaval y toda la diáspora de camino a Trebisonda, y yo, nervioso, en el aeropuerto de Loiu.

Un final para la historia

El día del partido era una locura colectiva en la ciudad entera. Era imposible moverse en el tráfico, en Trebisonda no se hablaba ni se respiraba nada más que los 90 minutos que separaban a toda una ciudad y su título tan esperado. No había ningún enfermo, ningún preso, ninguna funeral, ninguna entrega de trabajo, ningún examen. Nada. Existía una sola cosa. Un partido de fútbol. Un partido de Trabzonspor.

El camino al estadio era un incendio, un infierno, un camino hecho de fuego. Las bengalas convencionales, las señales de bengalas disparadas con pistolas desde los montes cercanas al estadio, y todo tipo de pirotecnia imaginable sustituían los disparos que habríamos oído si no hubiera sido por las campañas de “no a las celebraciones con disparos al aire”. Era todo un caos que funcionaba a la perfección, un caos donde todo el mundo sabía qué hacer exactamente. Un caos hecho de fuego, lluvia, sudor, sueños y canciones de añoranza. “Nosotros en tus calles estrechas, bajo tu lluvia que nunca cesa, nos enamoramos de ti” cantaban unos, “tú eres la alegría, tú eres la tristeza” cantaban otros, “ataca para que te entiendan” gritaban otros.

El caos se había apoderado también de las entradas del campo. Había miles de personas sin entradas intentando acceder al escenario de sus sueños. La gran mayoría con éxito. El caos era tal que a pesar de ser de la minoría afortunada que poseía una entrada, entre las discusiones en la puerta y el forcejeo que se produjo, acabe entrando a empujones en vez de hacerlo con mi entrada.

El partido comenzó con un gol del danés Andreas Cornelius al tercer minuto. Un martillazo más al muro de la duda. Aunque el segundo tiempo fue de altibajos y una montaña rusa emocional, con penalti tapado por el héroe de la temporada, el capitán Uğurcan Çakır. El partido acabó 2–2 y los miles que estaban en las gradas invadieron el campo, como la alegría invadió sus cuerpos.

Trabzonsport
Invasion de campo tras la victoria.

El resto es historia. Entre Marek Hamsik corriendo en el campo con dos bengalas, una en cada mano, Abdulkadir Ömür pidiendo a los hinchas que le suelten que no respira, los agentes de seguridad que al principio intentaban desalojar el campo bailando horon con bengalas en sus manos, un emprendedor vendiendo bengalas en el césped del estadio, gente subida en los largueros… el resto es para un fotorreportaje histórico. Nada en el mundo me podría haber preparado para la fiesta que se pegó la ciudad de Trebisonda entera aquella noche, y las siguientes 2 semanas.

Bakasetas.

Cada rincón de la ciudad era una fiesta diferente. Cada uno lo vivía a su manera: La muchachada que estaba en la plaza de la ciudad en lo que parecía una rave propia de una película futurista, con los DJs dirigiendo a la multitud formando un espectáculo de luces, otros bailando subidos en las farolas, gente con motos haciendo piruetas al ritmo de la música, gente con máscaras de personajes de películas de terror bailando sin descanso. Luego estaban los que fueron directo a los cementerios a avisar a los suyos que ya había llegado el día. En el estadio estaban los que se negaban a abandonar el césped llevándose souvenirs. Las calles estaban repletas con los que cogieron sus coches para tomar las calles sujetando bengalas desde las ventanas y música a tope, los que estaban tomando birras alrededor de una hoguera en un descampado… la ciudad entera estaba disfrutando de lo que había esperado una eternidad. Sin saber que las fiestas durarían algo más de un mes, con celebraciones masivas en Trebisonda, Estambul, Esmirna, Ankara, Artvin… y hasta en Londres, Berlín, Nueva York…

Trabzonsport fiesta
Fiesta en la ciudad.

No sé si alguien, alguna vez, mereció festejar más que la afición de Trabzonspor, tampoco sé si alguien llegó a disfrutar más de un título de liga que ellos, pero sé a ciencia cierta que nadie que presenció esas 24 horas en Trebisonda­ –sea hincha, periodista, futbolista propio o rival– nadie se olvidará de aquel momento en la vida. ¿y tú? ¿Dónde estabas cuando Trabzonspor volvió a ser la pesadilla de los equipos de Estambul?

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